“Hacía tiempo que no experimentaba aquello. Se sentía genial. El sonido de las olas del mar dejándose arrastrar hasta la orilla le reconfortaba, haciendo que volviera a caer en un sueño profundo del que solo volvía a despertar cuando los rayos de sol que se colaban en su habitación a través de las cortinas de lino eran lo suficientemente fuertes.
Pensaba en…bueno, en realidad no pensaba en nada. En nada importante quiero decir. Tan solo en cosas sin importancia como la temperatura que haría en la calle o si quedarían panecillos en el Buffet cuando bajara a desayunar.
Finalmente decidió levantarse. Atravesó la habitación desnuda, iluminada por aquel sol caribeño que no hacía más que causarle buenas sensaciones. Fue al baño para darse una ducha y nada mas entrar quedó maravillada. Todo parecía de museo. El grifo, la bañera, las alfombrillas… todo aquello debía de ser de la década de los veinte. Y seguía manteniendo todo su encanto. Se fijó en los azulejos, los cuales contenían en el centro pequeñas imágenes en las que estaban representadas escenas de la vida cotidiana de campesinos, artesanos y obreros de la ciudad.
Cuando terminó de ducharse, se enrolló una toalla al cuerpo y salió al balcón. Nunca había visto nada como aquello. Contemplaba una de las principales calles de la ciudad y era todo un espectáculo. La gente caminaba de un forma muy peculiar. Parecían felices. Los coches, dios mío, aquellos coches no podían ser reales… Le encantaban, y se prometió a sí misma comprarse uno cuando volviera a su ciudad. Pero de momento iba a seguir disfrutando de aquel país, de aquella cultura, de aquellas playas… Se quedó allí parada unos minutos mas hasta que se dio cuenta de que estaba mirando desde la habitación de un hotel, cuando realmente podía introducirse en aquel ambiente que no dejaba de sorprenderla.
Se puso encima lo primero que encontró y bajó descalza a la calle. Y paseó. Paseó durante horas. Hasta que finalmente cayó muerta de cansancio sobre la arena de una de esas maravillosas playas y se durmió. Lo hizo con el mismo sonido de fondo con el que se había levantado. Las olas. Que no dejaban de arrastrarse por la arena. Ni parecía que iban a dejar de hacerlo…”

P. M

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